Nepotismo, amiguismo y la rabia de los que no son de ningún lote
18 de Febrero del 2023
El nepotismo y amiguismo dañan la democracia porque permiten a lotes y clanes capturar el estado. Los autores observan que leyes más duras no eliminan el problema porque estas prácticas también son útiles para resolver necesidades de los vecinos; y porque en un país desconfiado, desde el presidente al alcalde respiran tranquilos con familiares y amigos en los cargos. ¿Quién amenaza hoy este “conveniente orden”? La prensa fiscalizadora y la creciente molestia de quienes tienen capacidades, pero no son de ningún lote y «quieren su tajada en el acceso a cargos”, escriben los autores.
En abril de 2018, luego de asumir por segunda vez la presidencia del país, Sebastián Piñera nombró a su hermano Pablo embajador en Argentina, un cargo crítico en la diplomacia chilena.
Frente al diluvio de cuestionamientos y ante la posibilidad que la Controlaría lo desautorizara, el presidente emitió un comunicado en el que, luego de detallar los méritos de su hermano, concluyó: “Aquí no existe ningún acto de nepotismo ni mucho menos de descuido del interés público, pues su nombramiento no obedece a su calidad de hermano ni a ningún interés particular, si no sólo a un legítimo interés público”.
¿Cómo en la era actual un presidente puede no darse cuenta de que ese nombramiento es, por definición, nepotismo?
En todo caso, el problema no lo tiene solo Sebastián Piñera: la presencia de los retoños Bolsonaro en cargos de poder y la posible nominación de uno de los hijos como embajador en Estados Unidos, o la asistencia de Ivanka Trump a eventos nacionales e internacionales incluido el G20, muestran una extendida confusión.
Aclaremos: nepotismo es la selección de candidatos para cargos públicos y privados haciendo primar las redes familiares (nepotismo como tal) o las redes de amistad (amiguismo) por sobre las reglas de la meritocracia y del interés general. No se trata, por lo tanto, de seleccionar personas que no tengan mérito o currículo, sino dejar de lado a personas que podrían ser idóneas para un cargo o beneficio, pero que no cuentan con las redes de acceso.
Las consecuencias negativas de ambas prácticas son bien conocidas: al reproducir el “lote” o grupo informal, permite controlar recursos de poder en varios niveles de la gestión del aparato público y por lo tanto posibilita la “captura del Estado” por intereses privados (Crabtree, Durand, 2017). Al facilitar el desarrollo de personalismos, se debilita también la institucionalidad pública: no importa que el pariente o el amigo esté bien preparado, lo importante que se facilita que los intereses particulares sustituyan al interés general (Mainwaring y Scully, 2008). Además, en la mayor parte de los casos, nepotismo y amiguismo tienen consecuencias perversas, pues generan relaciones laborales menos exigentes o productivas que las relaciones de trabajo no mediadas por la familia o la amistad.
El nepotismo ha sido un problema transversal desde la vuelta a la democracia[1] y ha ido generando un creciente rechazo. Cuando en 2013 el ex ministro Andrés Velasco instaló en el debate público la noción de “malas prácticas”, describió un escenario grave. Criticando al senador Guido Girardi del PPD por su forma de hacer política, Velasco dijo: “La idea de que todo se transa por cargos, de que se buscan cargos en el sector público independientemente de las calificaciones de las personas, eso es lo que a la gente la tiene irritada con la política”.
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